Delegación Episcopal de Catequesis de Jaén

La Diócesis de Jaén recomienda el uso de las nuevas tecnologías y el seguimiento de los protocolos para que las parroquias sean seguras.

ideal.es, 10 de octubre de 2020
Enara López de la Peña

Transmitir la fe y la palabra de Dios, ya sea de forma presencial o telemática. Comienzan las clases de catequesis en la provincia, donde cientos de niños hasta ahora se reunían en sus parroquias y se preparaban para recibir su Primera Comunión. Sin embargo, la situación actual por la pandemia y la crisis sanitaria forzó el cambio drástico de cómo se vivía la fe. Al principio fue desde los propios hogares, con las nuevas tecnologías y, después, con una misa de aforo limitado, distancia entre feligreses y una paz que o se da con el codo, o a través de la mirada amable.

Así, la Iglesia se adapta a los nuevos tiempos para que los más pequeños puedan seguir con su educación religiosa de la forma más segura posible en esta lucha de la Covid-19 que es de todos. No es una novedad, no del todo, pues durante las comuniones que se han venido celebrando en época de coronavirus se implantaron unos protocolos que, ahora, pasan al interior de las clases de catequesis, con el objetivo de evitar en la medida de lo posible más contagios del virus.

Los catequistas se encargan de comprobar que los niños hacen uso correcto de los geles desinfectantes.

Según indican desde la Diócesis de Jaén, las propias parroquias están organizando los espacios disponibles para las clases, así como los horarios para que no coincidan muchos niños simultáneamente y se cumplan todas las medidas de seguridad frente a la Covid-19.

De hecho, las parroquias que durante el confinamiento le ‘pillaron el gusto’ al mundo digital, tienen previsto dividir las enseñanzas de forma presencial y online, o con el trabajo de material desde casa y consulta de dudas o contacto directo con la catequista a través de teléfonos, correos y mensajes instantáneos, como el WhatsApp.

«Con más de 900 niños, nos toca hacer turnos y usar ‘zoom’ con los catequistas»

En la Parroquia de San Pedro Poveda, en el Bulevar, son más de 900 niños los que se preparan para recibir la Primera Comunión, así que «no queda otra que hacer turnos», explica el párroco, Julio Segurado. Desde el principio fueron conscientes de la situación, incluso no tardaron en aplicar las nuevas tecnologías nada más decretarse el confinamiento. Con una página de YouTube creada desde hacía años, ahora recibía a un gran número de seguidores que veían las misas que Segurado emitía en directo desde la parroquia. Una actividad que se mantiene incluso después de la apertura de las puertas.

Segurado señala que es un barrio «muy joven» y «muy implicado», que enseguida se adaptó a la situación y al uso digital, que ahora también se aplica en los pequeños de la casa. Los formularios y las inscripciones hace tiempo que se entregan de forma virtual, «es más rápido y seguro», por lo que dar catequesis por la pantalla «no supone un gran cambio». Las clases son híbridas, pues la presencialidad «es importante, los niños necesitan aprender con otros». «Las salas son pequeñas, así que las clases se dan en el templo, que durante dos horas es para ellos».

La Diócesis de Jaén puso en marcha el protocolo con medidas básicas, como el uso de mascarillas, gel desinfectante y el distanciamiento entre los menores. Además, se aplicaron otras sugerencias como la reducción del número de niños en los distintos grupos para que sea más fácil cumplir con los requisitos de espacio para evitar contagios, así como la solicitud de participación a catequistas más jóvenes, que estarían más protegidos frente al coronavirus que la media habitual, con una edad que entra en los grupos más vulnerables.

Fue la Delegación Episcopal de Catequesis quien propuso las medidas de protección y ofrece un protocolo de actuación. En concreto, señalan que los geles estarán disponibles en cada sala de catequesis y la propia catequista se encargará de comprobar que los niños las usan.

La supervisión también es importante en la utilización de la mascarilla, que es obligatoria en todo momento dentro de las dependencias parroquiales. De igual modo, cada catecúmeno debe disponer y traer su material y no puede compartirlo con los demás. No se permite levantarse sin razón justificada de las mesas y tampoco se puede comer dentro de las instalaciones. Además, el servicio solo se usa en casos que se consideren «imprescindibles».

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