Delegación Episcopal de Catequesis de Jaén
  1. Llamado/a por Dios (VOCACIÓN)
    La vocación del catequista tiene su origen en una llamada de Dios a determinados cristianos a quienes Él quiere encomendar la tarea de catequizar. Las mediaciones de las que Dios se sirve para llamar pueden ser diversas: una invitación del sacerdote, toma de conciencia de que lo exige su condición de creyente, impacto producido por el testimonio de otro catequista, deseo de adquirir un compromiso en la realización de la comunidad eclesial… Más allá de las circunstancias, hay siempre una iniciativa de Dios.Es normal experimentar un sentimiento de incapacidad e insuficiencia. No obstante, junto a la invitación a ser catequista, Dios da la fuerza para responder y superar las dificultades inherentes al ejercicio de esta vocación.
  2. Partícipe de la misión de Jesús, Maestro (TESTIGO)
    El catequista, al aceptar la llamada del Padre, participa y prolonga la misión de Jesús, el primer evangelizador. El catequista sigue e imita a Jesús justamente como Maestro, catequista de sus discípulos. Siguiendo las huellas de Jesús, el catequista educa también en todas las dimensiones del Evangelio, y lo hace con su misma pedagogía: apoyándose en el testimonio de su vida y en las obras de la comunidad cristiana, a quien representa.
  3. Movido por el Espíritu (ESPIRITUALIDAD)
    El catequista está constantemente abierto a la acción del Espíritu Santo, tanto a la que tiene lugar en el corazón de los chicos/as como a la que acontece en su propio interior. El catequista realiza su tarea convencido de que «el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización» (EN 75).
  4. Dentro de la Iglesia (COMUNIÓN)
    La vocación del catequista tiene una profunda dimensión eclesial. Por un lado, está entroncado en una tradición viva que le ha precedido. Es sólo un eslabón en una cadena de catequistas que, a lo largo de las generaciones, han ido transmitiendo el Evangelio. Por otro lado, el catequista está inserto en una comunidad cristiana concreta y, como miembro activo de ella, desarrolla un acto eclesial, fundamental para la vida de la Iglesia. No es un evangelizador aislado, que actúa por libre. Al catequizar actúa como portavoz de la Iglesia, transmitiendo la fe que ella cree, celebra y vive.Este sentido eclesial es vivido y alimentado, de ordinario, por el catequista en la Parroquia. En ella los cristianos nacen a la fe de la Iglesia y van nutriéndose en ella. En la comunidad cristiana el Espíritu suscita carismas y servicios diferentes y, entre ellos, el servicio de la catequesis. El horizonte y la meta de todo catequista es convertir al chico/a en un miembro activo y responsable de la comunidad cristiana. Esta tarea se realizará mejor si se fomenta en el catequista la conciencia de pertenencia al grupo de catequistas, que ha de constituir en la comunidad cristiana un verdadero germen de vida eclesial.
  5. Al servicio de los hombres (MISIÓN)
    El catequista, además, está abierto a los problemas del hombre de nuestro tiempo, así como a la persona concreta del catequizando a quien sirve.

Si deseas ampliar esta información, puedes descargarte el siguiente documento sobre la identidad del catequista:

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